Todos los días
me desmorono
un poco menos
A veces
no quedan palabras para expresar lo que pasa por dentro,
porque no son pocas las veces
que los adentros
son nebulosos grises y enmarañados,
no caben, se retuercen, duelen y queman,
que lo que siento es profundo intenso confuso:
por más blancos o negros que me obligo
a decir,
en mí habitan los grises, los oscuros con los
claros,
todos los colores con todos los colores
y
todos al mismo tiempo.
A veces
me trago las tiranías del ser que no
estoy siendo:
los deberes, los mandatos, las obligaciones de
tener que llegar a ser,
sin ver lo que realmente estoy siendo en el
camino,
porque en el camino se me confunde el
presente.
La tiranía de que debo ser fuerte e independiente.
La tiranía de ser resuelta.
Cuando nada está resuelto.
Cuando el general Diego de Almagro
se entera de que los indios que habitan
desde el valle del Aconcagua hacia el sur,
no sólo se nombran gentes de la tierra,
sino que no le temen al agua fría
pues se bañan en los ríos gélidos
de los deshielos de la Cordillera
para emprenderlas vivamente
con el canto de su memoria,
sabe que si alguien ha de atreverse a conquistarles
no será él, que tardó meses en decidir lavarse
y apenas soporta el paño húmedo
con el que dice limpiarse.
Y así es como decidió regresar al virreinato del Perú.
Palabra limpia de dios.