O D I N E A

lunes, 8 de septiembre de 2008

Alborada

Me presento corpórea de manos gélidas
y arrebatados sueños a pies descalzos.
Esta vez nació la alborada
un poco después de las doce del día
entre un sol que ilumina sólo la mitad del rostro,
y abrasa llamaradas de anuncios en cartón.
Me despierto cuando aún no aterrizan los primeros pasajeros,
de aquel vuelo que imaginé que me llevaría a destino,
y sin embargo, vuelvo sin pañuelo y sin pisar tierra firme,
sin viajar desolada en la ruta que marqué un día.
Conozco de esas sonrisas que lamentan los atardeceres,
como un disparo que cruza nubes
y deforma las siluetas que alguna vez imaginé.
Aun vivo sumisa a desgarrados harapos viejos,
y no se pasa la vida como aquella sonrisa que se pinta,
como los colores que llevo puesto,
como esa nostalgia de primer día de año
en donde las promesas son mucho más que los deseos frustrados.
Ya no me siento a respirar apaciguada por el aire
hay una inmensidad de disturbios
que no dejan preguntar por ti
por mi,
y me recuerdo como una noche entre mujeres lindas,
y vestidos que se deshacen por miradas.
Anoche me dormí en esa fe extraña, ilusa
torpe,
soñando contarte todo lo que aun ni imagino,
tú besándome en cada palabra que diría por ti.
He de soportar que tengo los pies frios y descalzos,
en una alborada que ni conoce mi nombre,
ni mis historias, ni mis futuros,
ni mis manos,
ni mis ojos turbios
Alborada que deja una densa niebla oscura
Como para no saber que aún tus pies tocan los suelos
cuando recorres alamedas de esperanzas y altares de un mundo paralelo,
como para no saber que aun te duermes enajenado
contando los días aluciernagado de tantas líneas dibujadas,
como para no saber de tus ojos aguados
entre lineas de trovadores y amores ilusionados,
desilusionados
que ya ni duelen.

jueves, 21 de agosto de 2008

No nos duele

A las putas de esta ciudad de pobrezas.

No nos duele vernos con las uñas pintadas,
con los tacones y las pantys caladas.
No nos duele vernos en medio de la noche
en los ojos de quien pregunta nuestro precio.
No nos duele vernos amanecidas,
con los ojos dormidos y el maquillaje corrido.
No nos duele vernos, y vernos lindas
¡¡Mijitas ricas!! en esta ciudad de pobrezas.
Pero eso sí,
Y esto sí que nos duele,
Nos duele que no llamen malditas putas
Cuando ustedes son más putos
En sus mismos seres.

sábado, 2 de agosto de 2008

Instrucciones para tomar el avión vuelta a casa

Es bastante dificil pararse frente a la metralleta, cuando sabes que los balazos son más exactos que tu propio equilibrio. Cabe preguntarse entonces, porqué arriesgarse. El instinto es lo más ingenuo del ser humano, y no podemos por ello, renunciarlo. Parece ser que los edificios de la gran ciudad te consumen bajo el sol que pregona los paraderos de tu vida, que aclama a los vencedores y perdedores -como si existieran- y disgrega los buenos y los malos. Y eso termina por agobiar el esprecto donde se mueven los dedos que ahora deletrean... Al menos, y eso tranquiliza, soy una marciana que mea pichi azul, y ha resuelto lo que antes era irresoluble.
Y que ahora va camino a casa.

martes, 15 de julio de 2008

Caracol

-Suena como un tronco hueco lleno de hormigas pequeñas, ínfimas, humildes. Dijo la Matilde de la Fuente, mientras fumaba tabaco de vainilla. Es dificil predecir lo que vendría a continuación, si no fuera por la torpeza de Juan Emilio, que lanzó una risotada grotezca

martes, 8 de julio de 2008

Lo bueno de llorar


Es necesario verificar las sílabas de las palabras exactas que pronuncian verdades. No es fácil arrimarse a la sombra de un árbol, cuando éste está enraecido áspera y amargamente. Pero al terminar el día, la inexorable confidencialidad de dos sujetos, permanece aún en el altar más pulcro de lo que esperamos. Y llorar se hace bueno.

martes, 24 de junio de 2008

Él

Él es un hombre bueno.
A veces se dedica a repartir flores en sus calles,
a veces se dedica a cantar en plazas y paseos urbanos.

Él es un hombre grande.
Algunas noticias traen sus frescas manos trabajadas,
que suelen palpar impresiones en abanicos coloridos.

Él es un hombre pasajero.
sueña con mares tormentosos en sus pies,
y cordilleras desveladas que miren sus atardeceres.

Él es un hombre romántico.
nace del folclor de la más ingenua campesina,
y se encapulla en los celosos vientos mayores.

Él es un hombre salvaje.
fluye en grandes gomeros abrazadores,
se vierte en los caudales furiosos de besos alocados.

Él es un hombre fuerte.
puede congelar parajes de seducciones,
con la tibieza de su sola sombra.

Él es un hombre sensible.
pero muchas veces no siente el reparo de mi voz,
y puede permanecer quieto de arrullo.

Él es un hombre enamorado.
se viste de conquistadas sábanas usadas,
se desviste de la mirada atónita que le sonroja.

Él es un hombre,
un hombre
que me enamora.

viernes, 6 de junio de 2008

Balada para un loco

Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu casa, por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en vos. . . Cuando, de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo. Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte en el viaje a Venus: medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre levantada en cada mano. ¡Te reís!... Pero sólo vos me ves: porque los maniquíes me guiñan; los semáforos me dan tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares. ¡Vení!, que así, medio bailando y medio volando, me saco el melón para saludarte, te regalo una banderita, y te digo...

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;
y a vos te vi tan triste... ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!...
el loco berretín que tengo para vos:

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Cuando anochezca en tu porteña soledad,
por la ribera de tu sábana vendré
con un poema y un trombón
a desvelarte el corazón.

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Como un acróbata demente saltaré,
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad...
¡Ya vas a ver!

Salgamos a volar, querida mía;
subite a mi ilusión super-sport,
y vamos a correr por las cornisas
¡con una golondrina en el motor!

De Vieytes nos aplauden: "¡Viva! ¡Viva!",
los locos que inventaron el Amor;
y un ángel y un soldado y una niña
nos dan un valsecito bailador.

Nos sale a saludar la gente linda...
Y loco, pero tuyo, ¡qué sé yo!:
provoco campanarios con la risa,
y al fin, te miro, y canto a media voz:

Quereme así, piantao, piantao, piantao...
Trepate a esta ternura de locos que hay en mí,
ponete esta peluca de alondras, ¡y volá!
¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení!

Quereme así, piantao, piantao, piantao...
Abrite los amores que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir...
¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-la-larará!

¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
Loca ella y loco yo...
¡Locos! ¡Locos! ¡Locos!
¡Loca ella y loco yo!

lunes, 19 de mayo de 2008

se cansan las moscas tanto sobarse las patas

se cansan las moscas tanto sobarse las patas,
heden las arañas con sus turbias soledades.
Hay de aquellos que se aterrizan en melodías diáfanas,
para concurrirse de vez en cuando y mostrarse descalzos:
cansados tanto sobarse las patas.
Creo en aquellos que se aterrizan en versos prolijos,
y se visten para asistir a casamientos:
heden los que ostentan soledades.
Perezco en aquellos que se aterrizan en manos oscuras,
que pasean desbordados entre tanta locura:
se callan solos
perdiendo impaces.
Me lamento de aquellos que se aterrizan en desazones extraños,
y se alimentan de patas, hedores, naufragios y soledades:
de ellos,
consumid vuestra carne.

lunes, 5 de mayo de 2008

Sí.
Hay días en los que soy un poco melancolica.
sólo unos dias.
Es que la turbulencia aun no me devuelve de las ráfagas de hielo,
y suelo congelarme más rápido de lo normal.
es mi piel la colorida de tanto sentir,
la que se reposa en esa quietud de almibar
helada.

lunes, 7 de abril de 2008

A medios ojos

Recuerdo perfectamente el día en que Gavilán de Cuatro Flores trajo consigo la mochila de lana de alpaca con una dedicatoria que decia mi nombre. Sus zapatos negros gastados y envueltos en una delicada capa de moho verdoso, me previno del largo viaje que emprendió desde la tierra en donde vuelan los cóndores. Su sonrisa pulcra y bien besada por las gélidas vertientes de la Cordillera Andina, me sedujo de cortejos penetrantes y delirantes a medios ojos. Y se paró frente a mis derretidas sensaciones, con la misma chaqueta raída que cargaba sobre sí el día en que inesperadamente me habló distraído para conseguir fuego, y se sorprendió al verme naufragar en lágrimas al compás de "sin excusas" del Chico Trujillo. Y me quedé quieta. Y se quedó quieto. Esa noche del 24 de enero de 2007, entre olas desorbitadas y apariencias extrañas, le dije con una sonrisa que no tenía fuego, mientras rodó sus dedos por mis enrojecidas mejillas, maniobrando un poco brusco mi cintura e invitándome a bailar ese valsecito. Llevaba olor a vino tinto en sus labios. Gavilán de Cuatro Flores pronunció lo único que esperaba escuchar, procurando no parpadear ni soltar la mochila de lana de alpaca que traía mi dedicatoria. Mi polarizada piel aún recordaba el día en que se acercó a pedirme fuego, en medio del tumulto extasiado de música, noche y desenfreno. No supe la respuesta. El silencio pregonaba la estela de nerviosismo, burlándose de nuestros cuerpos enajenados y deseosos de compartir una misma sábana. Pero no supe la respuesta. Gavilán de Cuatro Flores sabía de aquellos segundos que debía permanecer callado. Entonces comprendió. Lo miré tal cual como aquella noche. Tímida, recordé mis lágrimas. Y se marchó.