O D I N E A

lunes, 7 de abril de 2008

A medios ojos

Recuerdo perfectamente el día en que Gavilán de Cuatro Flores trajo consigo la mochila de lana de alpaca con una dedicatoria que decia mi nombre. Sus zapatos negros gastados y envueltos en una delicada capa de moho verdoso, me previno del largo viaje que emprendió desde la tierra en donde vuelan los cóndores. Su sonrisa pulcra y bien besada por las gélidas vertientes de la Cordillera Andina, me sedujo de cortejos penetrantes y delirantes a medios ojos. Y se paró frente a mis derretidas sensaciones, con la misma chaqueta raída que cargaba sobre sí el día en que inesperadamente me habló distraído para conseguir fuego, y se sorprendió al verme naufragar en lágrimas al compás de "sin excusas" del Chico Trujillo. Y me quedé quieta. Y se quedó quieto. Esa noche del 24 de enero de 2007, entre olas desorbitadas y apariencias extrañas, le dije con una sonrisa que no tenía fuego, mientras rodó sus dedos por mis enrojecidas mejillas, maniobrando un poco brusco mi cintura e invitándome a bailar ese valsecito. Llevaba olor a vino tinto en sus labios. Gavilán de Cuatro Flores pronunció lo único que esperaba escuchar, procurando no parpadear ni soltar la mochila de lana de alpaca que traía mi dedicatoria. Mi polarizada piel aún recordaba el día en que se acercó a pedirme fuego, en medio del tumulto extasiado de música, noche y desenfreno. No supe la respuesta. El silencio pregonaba la estela de nerviosismo, burlándose de nuestros cuerpos enajenados y deseosos de compartir una misma sábana. Pero no supe la respuesta. Gavilán de Cuatro Flores sabía de aquellos segundos que debía permanecer callado. Entonces comprendió. Lo miré tal cual como aquella noche. Tímida, recordé mis lágrimas. Y se marchó.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Parque Forestal

La casualidad la confundió con la muchacha a quien ella deseo por tiempos. Se le hacía necesario recordar su nombre, pero con debida frecuencia, Roberta de la Cruz prefería olvidar esas extrañas denominaciones con las que catalogaban a seres amados. No podía entender cómo te nombran Soledad, Dolores, Esperanza. Y como se propuso practicar la Justicia, decidió también olvidarse de los demás nombres de aquellos seres que circulan su corta vida de 23 años. Mientras continuaba fumando ese delicado cigarro de hoja verde, recostada en el húmedo pasto del Parque forestal, la muchacha que despidió el olor de anis mezclado con chocolate amargo y agua ardiente, caminaba apresurada por el sendero que marcaban las bermas de piedras y la tierra un poco enlodada. Roberta de la Cruz la comtemplaba, deseando un momento de recostarla junto a su lado, y besarla infinitamente con las caricias de sus dedos, de sus labios y de sus ojos. El olor de la muchacha penetró directo y se enclavó en las profundidades de su cuerpo, tal cual se quedo consigo y para siempre, su deseada Amada Montina, como la llamaba. Sintió ese tumulto de desesperación por no recordar su nombre de vida real, y gritarle de una vez por todas, la cautelosa vigilia que le seguía sin rumbo en esos tiempos. Fue la primera vez que se enfureció por sus utópicos ideales al querer cambiar su pequeño mundo. A ese minuto, la muchacha a quién confundió por llevar ese perfume de noche profana entre agua ardiente, chocolate y anís, se perdió tras los arboles que estiraban su ramaje a las olas del viento cálido. Roberta de la Cruz volvió a recuperar la calma y quiso apresurarse a dar la última fumada al cigarro de hoja verde. Se tomó el cabello enrizado y se lo mantuvo sobre su hombro derecho.

lunes, 10 de marzo de 2008

País para débiles

Debo confesar que para sorpresa de muchos, he decidido bautizar una cinta de 8 mm como "pais para débiles". Comprenderán que es una decisión bastante drástica. Contaré porqué. Yo quería ir al Normandie, pero las cirscuntancias de "esperar a última hora" para matricularme y ser aún una hija de Bello, me hicieron pasar el día entero viajando de aquí allá, y de allá a acá. Almorcé con mi madre. Eso me alegró. Llegué a última hora, toda cansada a recibir el famoso papel que dice: "Hola, usted es la niña que se endeuda en esta universidad". Y me alivié. Y me vino esa extraña sensación de no querer ir sola a ver el séptimo arte. Traté de corromper a la Joplin, y estuve apunto (quizá debería haberle dicho: "ya, te invito 2 helados mejor"). Y esa parsimonía capturó la atención, desencadenando mi debilidad. Sabía que no debía estar sola. Eché de menos a Jaime, caminando por las calles de Santiago, y hablándome en voz baja, para que yo no le entendiera ni pío. Una pareja homosexual tomada de la mano, levantó los brazos formando un arco para que yo pasara por debajo. Y como siempre, accedí a la invitación. En la micro, pensé en el pelo de Bardem ¿Era peluca? Una señora se afirmó de mi cuello y me dejó rojo. Luego pensé en la excelente fotografía... siempre me han gustado los paisajes áridos. Y una escolar me pisó el pie (yo justo andaba con chalitas) Me fui a sentar. En el pendrive sonaba Saiko con de Salon. La vecina ni me pescó. Así que llegué y comí algo. Ahí descubrí que lo que acababa de ver debía llamarse "país para débiles". Hable con la Conti, luego con mi querido Jaime, y Lenin me confesó su partida. Mas, supe que este es un país para débiles. Me bajó la pena.

jueves, 28 de febrero de 2008

Gen

Hay una extraña sensación en el aire -¿un viento de cambio?- como una propaganda política que se profana tras los pilares de un edificio. Claro, de un importante edificio. Pero los detalles no importan. El punto es: la nueva generación de los años prometidos. Los hijos de los dioses. Un remolino capturado por el milenio, ese remolino de bellezas entorpecidas. Seguramente, aparecerán los escultores, artesanos, piratas y fantasmas, que sabrán pulir, y quizá, hasta sacar brillo de este aparataje. Pero vámonos con calma. Creo en la naturaleza todapoderosa, creo en la pachamama; pero no creo en la inteligencia superficial que acaricia con la punta de los dedos. Así que no nos confiemos de las extrañas manos de los miserables engalanados; prestémosle atención -y la máxima atención- a los que deambulan con trajes raídos, a los ojos turbios, a los lunares que cubren pieles. Mi vida se ha acordado de los suelos que ha marcado, y créanme que la más dificil tarea, es recordar a aquellos perecidos bajo la tierra movediza, a esos soñadores que se escapan con sus amores colegiales, a esos románticos de antaño que prefieren ser volátiles. A ellos, el humo del cigarro ha costado sacar a flote, ya que las boyas no son suficiente. Díganme ustedes ¿dónde los encuentro? No me aterra la incertidumbre, me aterra que vuelvan y nuevamente se evaporicen. La belleza se está escondiendo tras los vientos que me develaron las sonrisas enajenadas... y suele ser, que quienes brillan con sonrisas, son precisamente esos que cuesta encontrar. Se abre la berma de posibilidades sobre quienes serán los dioses del mañana... y sin embargo, parece ser que los altares del mundo paralelo, aún no los detiene; y sortean los cupos entre terrestres postulantes de corazados capullos... y la generación se vuelve perdida.

lunes, 7 de enero de 2008

A Roberta

A Roberta, de vez en cuando, le suceden cosas extrañas. El otro día se le alargó el cuello. Quedó tan frágil, que la cabeza se le movía en todas direcciones. A la mañana siguiente, su dedo pulgar de la mano derecha desapareció, así como si nada. Pareciera ser que los dioses -a mí me tinca que Zeus- han decidido jugar con ella un rato, tal cual como las niñitas con sus muñecas. Y lo más raro de todo, es que Roberta no dice ni pío. No le importa. Anda siempre por la vida cantando, emocionando y saltando. A veces creo que de tanta felicidad que irradia, lo que le sucede se le torna grato. Y ríe. Un día llegó con una panza enorme, y me dijo que era una burbuja inmensa que se la pegaron con cola fría en su guatita. No sabía quien, porque fue mientras dormía. Y así como le suceden esas cosas extrañas, así mismo desaparecen al otro día. En esos días en que no tiene nada exótico, se pone triste. Pero nunca ha despojado lágrima. Me dice que no sabe como se llora, por eso no lo hace. Y se ríe. Hoy me caí andando en bicicleta, y me lastimé la rodilla. Me dolió muchísimo, me puse a llorar. Roberta me miró, y me dio su mano para pararme. Luego, sacó de su bolso una nueva piel para mi rodilla. La dibujó y la adhirió. Como se acercó tanto a mí, descubrí que una mariposa le sonreía en el oído. la atrapé con mis manos, se la enseñe, y la mariposa murió. Y una lágrima rodó por su mejilla.

sábado, 29 de diciembre de 2007

al final del dia

Hoy tengo mi humanidad desvelada. Hoy quiero pañuelitos desechables, un vaso de agua y un poco de chopin.
hay de esas penas que te hacen naufragar por grandes vientos oceánicos... Esas penas son terribles porque vienen con dolores estomacales, con deseos frustrados, con arrepentimientos, con desamores.... desamores....
Creo que DAR (nótese que es con mayúsculas) se ha convertido en un palabra tan inmensa y tan franca, que me ha acompañado por mis andares sin medir las consecuencias de retribución.
Quiero pedirles MI retribución. Quiero pedirles amor, ese que me deben. Ese amor que entrega caricias, besos, besos alocados, besos tiernos, besos. Amor con el que se me acercan, y renacen para mí los deseos tan bien guardados que conserve por 2 años... y quizá un poco más...
¿Qué es mejor? ¿sentirte amada por unas horas o dejar de vivir esas pasiones fugaces porque al final del día no funciona nada? ¿a qué temer? ¿a qué someterse?

domingo, 4 de noviembre de 2007

Roberta Blest


Mito de la salvación


Muchachos todos presentes. Hoy me hice yo. Me descubrí en medio de la colilla de un cigarro, tarareando "chuchetumadre". Ahí estaba yo. Inexplicablemente se formó una nebulosa turbia, extemporánea y entrevuelta de recovecos extravagantes. Ahí estaba yo. Vestida de un verde crepúsculo, retardado y bello. Una burbuja enorme me recorría los senos, entusiasmada. Y ahí me desperté yo. Fue tan exótico, que decidí posar uno de mis pies en la órbita terrenal. Y me enamoré. Una mujer me mostraba sus piernas, delicadas, atardecidas. Y la toqué.

Y
ME
HICE
YO

lunes, 15 de octubre de 2007

Rito

El Max adelantó un camión a 140 kilómetros por hora. Llevábamos las ventanas abiertas. Julia se peinaba mientras estiraba sus piernas en el asiento trasero de la furgoneta. Se recostaba, apoyando su cabeza en las piernas de Raúl. Despedía su perfume, a cada roce en que acariciaba su cabello. Yo pensaba en el imbécil de Raúl. No creía en la cuea que tuvo para enamorarla. Es un imbécil. Un imbécil-rico-hippie. Y lo peor de todo, es que Julia lo sabía. Lo supo desde el mismo momento en que lo conoció, y por eso le encantó. Dice que lo ama. Y me acordé del pito que traía en mi bolsillo. Y me apresuré en encenderlo. El olor a hierba siempre me antojaba mear. Y Julia decía puras huevadas. A veces trato de ignorarla, pero no, cada vez descubro que se parece más a Raúl. Son la pareja perfecta: cachan hasta reventarse los pulmones, y pelean hasta besarse con locura. Me pregunto cómo yo le gusté y cómo dejó que no le siguiera gustando. Las minas son todas unas perras. Incluso Julia, que hasta el día de hoy me agradece haberme conocido porque conmigo encontró a Raúl. Y cuando me dice esas cosas, yo atino a abrazarla y decirle que es la mina más bakán del mundo, que la quiero más que la cresta. La carretera se parecía a la del correcaminos "mic mic", tan saco de hueas que es el coyote. Me encantaría que porfín atrapara a ese pájaro y lo matara. El sol nos inundaba en el rancio olor a sudor del Max. Paramos un poco, y yo aproveché de mear. Me paré en medio de la carretera y fluí junto con mi propio pichi. Me reí de mi mismo y se me cayeron las lágrimas. Sé que por eso la Julia me quiere harto, porque soy igual de sensible que ella. Me emociona cualquier estupidez que me haga sentir vivo. Julia cantaba y bailaba, y yo seguía meando. Cuando terminé, me abrí de brazos, corrí al lado de Julia, y le saqué el pito de su boca. Me acarició la mejilla. Nos subimos a la furgoneta. Partimos de nuevo a 140 kilómetros por hora, con las ventanas abiertas. Atrás, la pareja perfecta comenzaba a agarrase el culo, para luego besarse desenfrenadamente. A mí se me caían los párpados, mientras me sonreía. Trataba de concentrarme en lo que me decía Max. Max también anduvo detrás de la Julia, pero no se enamoró. Siempre dijo que se la tiró por rica. Yo le creo, nosé porqué, pero le creo.

Cambio Fuera

Todo comienza y todo termina con una decisión ¿Cuántas veces hemos dicho un fin eterno imperecedero y madurable?
La vida nos parece una bolsa de M&M, en donde nadie quiere comerse los rojos (o los verdes), como si fuera elección nuestra el que no aparezcan en el envase.
Nuestras arrugas cada vez se tornan más fugaces y delimitadas. Hay que aprender a tocarlas. Hay que aprender a besarlas.
Hemos de tenernos como piedras pulidas por la erosión. Y sin embargo, alguien aún llama por radio y dice fuerte y claro
Cambio Fuera

martes, 11 de septiembre de 2007

Aclaraciones

Ya... "y no esto ni ahi"

la frase tipica que circunda los cerebros bohemios, hipnotizados, estorbados y basureados de una gran masa de poblacion joven. (poblacion... me gusta esa palabra) Pero es verdá poh. Y me siento mal porque no me importa, no porque me importa. Si resulta ser que soy una amoral desquisiada por los vicios terrestres (llamese alcohol, cigarros, droga, rock and roll), entonces prefiero quedarme con una nueva perspectiva llamada extasis puro e infinito que se acumula grotescamente en las paredes de mi nombre. Y no me importa.

Sí, hago lo que hace la gente. Nada. ¿cuál es el punto pick de la ebullición humana? ¿o se trata solamente de tirarse en el pasto y descansar de la anormalidad vulgarmente escoriada? "sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, y no estoy segura de la primera" Entonces creo que pensar se ha transformado en el ejercicio de unos pocos.

¿Alguien puede entender la gran línea divisora que existe entre la gente dícese normal y la estupidez humana?

parece difusa. Pero no globalizante. Es que concordar con la idea de "no hablar" me parece del porte de un buque. Hay gente que no le gusta saber la realidad; y que cuando se la dicen, se entorpece y se ridiculiza.